Mórbido terror: Sergio Aguilar





Sergio Aguilar (Mérida, Yucatán, 1992) es comunicador social y tiene un Máster en Políticas y Proyectos Culturales por la Universidad de Zaragoza. Desde 2010, ha sido coproductor del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror Mórbido Mérida. Ahora nos comparte sus ideas.


CINEFILIA, CRÍTICA, ANÁLISIS

Para apreciar el cine no se necesita nada más que asumirse como un sujeto que disfruta ver cine. No conozco a alguien que diga que no le gusta el cine ni ver películas, a menos que no sea humano. Asimismo, cualquiera puede ser un crítico de cine, recordando que la crítica de cine es una opinión legitimada. En ese sentido, nuestros amigos y padres son tan críticos como cualquiera que aparece publicado en periódicos, pues en ambos casos solo es una opinión personal la que se emite sobre una cinta. La enorme diferencia es que X persona sí aparece publicada en un medio y nuestros amigos no, lo que le da a la persona X un aura de sujeto-de-supuesto-saber. Pero creer que es un sujeto-de-saber sería un error, como creer que las noticias no son un extracto mediado de la realidad objetiva sino LA realidad objetiva. Nos gusta pensar que si alguien aparece en una publicación como crítico de cine, es porque se trata de una persona preparada, especializada en el medio y que expone una opinión aparte de las decisiones personales o contratos comerciales que tenga el medio. Una total utopía aquí.

Por último, un análisis de cine es una actividad mucho más profunda e intelectual, pues consiste en sacar conclusiones de una película tras un proceso metodológico y teórico riguroso. Es someter la cinta a una revisión para exponer el mensaje oculto. Esto no es sinónimo de ver una confesión del alunizaje falso del Apollo 11 por el suéter que un personaje usa (como un grupo de discípulos repiten obsesivamente sobre El resplandor, de Kubrick). Incluso las películas más “tontas" (entre comillas, pues pueden ser todo menos tontas) como Blancanieves y los siete enanitos pueden ocultar un mensaje tan complejo, encriptado y laberíntico como Terciopelo azul (una de las más importantes obras de David Lynch).

MÓRBIDO MÉRIDA: INICIOS

A principios de 2010 conocí a Pablo Guisa Koestinger, el director de Mórbido. El festival llevaba dos ediciones en Tlalpujahua, Michoacán, y preparaba su tercera edición, en paralelo con su primera presentación en Oaxaca. Al preguntarle si había planes de traerlo a Mérida, ya que no había ningún evento de ese tipo, me ofreció reunirnos a platicarlo. Al terminar la charla de trabajo, yo era el productor del evento. Unos meses después se sumó mi socio, Kevin Manrique Cámara, y ahora estábamos a cargo de hacer el que en ese tiempo fue el único festival de cine de la ciudad.

Tenía hambre de ver un proyecto de cine verdaderamente alternativo. En ese entonces La68, el proyecto que estuvo a cargo de Paula Haro y Lorenzo Hagerman y que desafortunadamente terminó en 2015, llevaba apenas dos años. Quería sumarme a ese esfuerzo por traer una oferta distinta de películas a la ciudad. También había mucha incertidumbre: ¿realmente había interés de la gente que vive en Mérida por ver películas de terror?

PÚBLICO-META


El público meta, y el que según unos sondeos y encuestas que hemos realizado es el que efectivamente asiste, son jóvenes de 18 a 30 años. Planeamos las actividades para ellos pues creemos que están ávidos de actividades culturales alternativas, más allá de la oferta infantil o folclórica yucateca. Están en el centro histórico buena parte de su tiempo libre, y creemos que al menos durante 4 días al año, capturamos su atención para que seamos considerados como un excelente lugar para pasar películas y una oferta distinta. De todos modos, siempre nos alegra ver gente de mayor edad o de la tercera edad en las películas, así como niños en nuestras funciones infantiles.
En ocasiones, la respuesta del público yucateco ha sido difícil de medir, pero positiva en la mayoría de los casos. El éxito en números (cantidad de asistentes) de las primeras dos funciones del festival demuestra que en Mérida había un enorme interés por más y más actividades y por el cine de terror. Mantuvimos un público que si bien en cantidad disminuyó un poco, en calidad es incomparable, pues son ávidos seguidores del género, de nuestras actividades, diversifican su memoria fílmica y aprecian que lo que hacemos vaya más allá de ver películas (con actividades académicas, de formación e impulso a nuevos talentos).

DIRECTORES

Muchos directores, productores, gente de efectos especiales, actores, investigadores y demás gente de cine ha venido al festival. Particularmente, recuerdo en estos momentos la visita de David Michán, Adrián García Bogliano y Lex Ortega.

David Michán es un joven director de México, y vino en 2012 para presentar su primer largometraje, Reacciones Adversas. El público quedó maravillado con su película, un thriller con aires de Taxi Driver. Hubo química con él en la ciudad, así que al año siguiente, en verano de 2013, en conjunto con Kino UADY lo trajimos a la ciudad a dar un curso de dirección de cine.

Adrián García Bogliano es un prolífico cineasta argentino que radica en México. Lo curioso con Adrián y el festival es que hemos incluido una película suya desde nuestra primera edición (y ni así hemos tenido todo lo que ha producido los últimos 6 años). Es una leyenda entre nuestro público.

Lex Ortega es un cineasta polémico porque trabaja temas de gore extremo. Su primer largometraje, Atroz, lleva como tagline ser la película mexicana más violenta de la historia. Muy probablemente lo es, y causó una oleada de aplausos cuando se presentó en la ciudad en la edición 2015. Cuando traemos a los directores, tenemos una tasa de 20%: es el porcentaje de gente que se queda al finalizar la película para platicar con el cineasta. En Atroz fue al revés: el 80% de la sala se quedó a platicar con él. Hubo comentarios muy negativos y muy positivos, aplausos a cada momento; en redes sociales fue muy evidente el impacto de la película. Es una de las cintas que durante más tiempo van a recordar los asistentes a Mórbido.

Creo que estos tres directores representan la variedad de géneros de terror que traemos (desde thrillers policíacos hasta gore extremo), la juventud que está salvando al terror (un chiste local que tenemos pero que es muy real: hay que salvar al terror), y las ideas nuevas y frescas que hacen películas geniales, con verdaderas aspiraciones creativas y buen recibimiento del público.

CINE ALTERNATIVO

Creo que a partir de la apertura de La 68 en 2008 (como un proyecto a gran escala de positivo impacto en la difusión de cine alternativo), Mérida comenzó a vivir un nuevo florecimiento del panorama cinematográfico. Me gusta pensar que somos parte de ese movimiento, teniendo nuestra primera edición dos años después (2010), junto con propuestas interesantes como Asterisco Cinematográfico (cineclub) y el programa de difusión cinematográfica Kino UADY (de la Universidad Autónoma de Yucatán). Muchos creerían que este panorama y sus actividades se han estancado los últimos dos años. No estoy de acuerdo. Creo que es valioso para la ciudad lo que han conseguido todos esos proyectos. Hay diversificación de oferta y productos (como series web, otros festivales de cine), y el público también se ha profesionalizado.

No obstante, hay proyectos a los que les ha costado adaptarse y evolucionar. No los culpo, a nosotros nos pasa todo el tiempo, nadie nos enseña a tener algo de esta magnitud y responsabilidad. Pero constantemente buscamos la mejora, trabajar como profesionales, exigirnos más para poder exigir más a los otros agentes y a las autoridades, y desgraciadamente, no puedo decir que todos los demás gestores culturales (de cine u otras disciplinas) tengan esa misma actitud. No sé si se necesita más infraestructura en la ciudad, pues no parece haber un incremento real y sustancioso en la profesionalización de gestores culturales, mucho menos entre los que trabajan en la administración pública. Sin embargo, es alarmante la falta de espacios alternativos de exhibición. En Mérida solo hay salas de cine profesionales en el duopolio nacional (Cinépolis y Cinemex) y las salas del Siglo XXI que son del gobierno estatal.

PROBLEMÁTICAS

No existe una presencia de crítica de cine en Mérida per se. Los periódicos de la ciudad, y algunas revistas, tienen escritos sobre películas de estreno (es decir, crítica de periódicos tal cual), pero estos textos presentan graves deficiencias: 1) no son escritos por profesionales, sino por aficionados a las películas; 2) no son críticas por cuanto son puros elogios a películas en cartelera o de anunciantes con quienes hay contratos comerciales, y 3) no tienen el espacio correspondiente como columna en el periódico (digital o impreso), por lo que si de pronto hay que recortar el texto u omitirlo para dar espacio a la homilía católica o al discurso vacío del gobernador, por supuesto que se recorta. Además, quienes escriben crítica de cine suelen caer en ese círculo vicioso: como el periódico no lo paga, no lo considera un trabajo profesional. Como hay quien acepta hacerlo sin cobrar (por un supuesto prestigio de aparecer publicado que ningún periódico en Yucatán merece), el periódico cree que puede seguir haciéndolo así, y que la persona dedicada a hacer crítica de cine a cambio de un beneficio económico es engreída o no conoce la situación económica del medio. Así que la culpa de que no haya crítica de cine es tanto de las industrias periodísticas como de quienes escriben reseñas o críticas de películas. Esto tiene un impacto negativo, por supuesto, en el público, quien no posee las herramientas de apreciación que un crítico debe de ofrecer. En países con una crítica de cine desarrollada, o mínimamente profesional, los críticos son gente sumamente respetada, escriben columnas y forman parte de la planta de colaboradores del diario. Es decir, a siglos y años luz de distancia de Mérida. Por ello, la opción es irse a lo digital, a los espacios propios de cada crítico, o la agrupación en un mismo espacio de distintos críticos.

AUTORES BÁSICOS

Tres libros básicos que considero para entrarle a la teoría, análisis e historia de cine son (y en ese orden creo que sería idóneo leerlos):

Arte cinematográfico, de David Bordwell y Kristin Thompson, un libro que parece texto escolar. Comienza con un apartado sobre el modo de producir películas, luego va desmembrando las partes del lenguaje cinematográfico una a una; está plagado de ejemplos, glosarios, cuestionarios, análisis de secuencias. Al final, tiene un breve apartado de historia del cine. Es un libro que debería de llevarse desde la educación básica, pues formaría a individuos más conscientes y críticos con el cine que ven.

Principios de análisis cinematográfico, de Francis Vanoyé y Anne Goliot-Lété. Explica rasgos básicos de analizar cine, las tareas que hay que emprender antes de analizar películas, los tipos de análisis que existen, etc. Tiene un par de ejercicios de análisis también, para que el lector vaya conociendo el proceso. Es un libro corto, ameno, sencillo de comprender y muy útil.

Understanding Film Theory, de Christine Etherington y Ruth Doughty. Es un repaso por algunas de las principales teorías cinematográficas, hace mención de textos canónicos, tiene casos de estudio y es muy ameno, directo y fácil de comprender. Aún no existe traducción al español, pero se lo recomiendo a quien le interese comenzar en el tema de estudios de cine de modo profesional.

TOP TEN

De todas las cuestiones, ésta es la más difícil. A excepción de la primera que mencionaré, todas las demás están sin lugar particular dentro del grupo, todas son cintas de terror que disfruto. Son importantísimas para entender el género, apreciar mejor el terror y pasar una noche genial muriendo de miedo:

1) El Resplandor, de Stanley Kubrick, mi película favorita. No hay ocasión en que la vea sin encontrarle algo nuevo, es simplemente perfecta.

2) La cabaña del terror, de Drew Godard.

3) El proyecto de la Bruja de Blair, de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick.

4) Los Pájaros, de Alfred Hitchcock.

5) Vértigo, de Alfred Hitchcock.

6) Psicosis, de Alfred Hitchcock.

7) It follows, de David Robert Mitchell.

8) Nosferatu, de Friedrich W. Murnau.

9) El gabinete del Dr. Caligari, de Robert Wiene.

10) Al interior, de Julien Maury y Alexandre Bustillo.

SALVAR AL CINE DE TERROR

Es importante salvar al cine. El cine es la mejor prueba de nuestros miedos, fantasías, deseos, de nosotros mismos. Con el cine nos revelamos ante los demás. De ahí su carácter seductor: nos sentimos atraídos a él pues nos sentimos atraídos al lado oscuro del otro y de nosotros mismos. Por ello también su carácter subversivo: al exponer la falsedad del mundo “real", desenmascara la autoridad. Pongo entre comillas “real", porque el mundo en el que vivimos no es menos falso que el de las películas. El cine es creado por el mundo en el que vivimos, pero también el mundo en el que vivimos es creado por el cine. El cine es una bonita presentación de la realidad, pero a veces la realidad es una copia barata de la grandeza del cine. Las películas tienen un poder de seducción con lo que pocas cosas pueden competir, y es por ello que necesitamos protegerlo, fomentarlo, profesionalizarlo. Las políticas culturales deben de voltear hacia él, los gestores culturales necesitan nuevos modos para expresarse gracias al cine.

El cine de terror habla en la superficie de un mal, pero el buen cine de terror habla también del origen del mal y cómo acabar con él. El cine erótico habla de problemas con nuestra sexualidad, pero el buen cine erótico habla también de porqué tenemos una sexualidad frustrada y cómo ayudar a los demás a convivir dignamente. El cine bélico habla del honor de la guerra, pero el buen cine bélico también habla de lo ridículo de un conflicto armado, de cualquier conflicto armado. En resumen, el buen cine ofrece alternativas para cambiar el mundo, como producto cultural del inconsciente colectivo, de la subjetividad autoral. Y es por eso que hay que defender al cine (a través de las políticas culturales) y comprenderlo mejor (a través de los estudios académicos). Solo así se puede salvar al cine.

TENDENCIAS, DIAGNÓSTICO

Creo que el virus del nuevo cine mexicano (el que protagonizó Amores Perros, Y tu mamá también, etc.) ya pasó, al menos hace 5 años que se terminó. El momento estelar que el documental mexicano tuvo durante la década pasada está comenzando a apagarse; el cine de terror mexicano se vuelve cada vez más interesante, y la televisión mexicana está muriendo y dejando un hueco con gran potencial económico que nadie ha querido cubrir. En la actualidad, es cada vez más transparente la línea entre géneros (terror y erótico, comedia y ciencia ficción, drama y cine político), incluso entre ficción y no ficción. Es en estas fracturas de lo que damos por sentado del lenguaje cinematográfico donde podemos y debemos ver nuevas maneras de acercarse a los (nuevos) públicos.


Hay que evolucionar a medios más interesantes y narrativas más atrevidas. Yo soy fiel discípulo de Netflix: en muchos sentidos, nos ha enseñado que hoy se pueden hacer cosas cada vez mejores. Sus producciones originales hacen evidente la fracturada y caduca idea de la diferencia entre cine y televisión. En ese sentido, los cineastas mexicanos deben apostar por ese tipo de contenidos, que vayan más allá de vistas en redes sociales, que se alejen de recetas preestablecidas, sobre todo cuando ya han demostrado talento. Quien pretenda continuar trabajando solo para la ciudad no es que sea un mal artista, ingenuo o miope, pero es obvio que solo será eso: “un artista de Mérida", jamás tendrá un nombre que suene realmente, que tenga el impacto global que hoy es tan fácil de tener (en comparación con hace 20 años). Por ello es tan importante la profesionalización en gestión cultural y la formación desde temprana edad para apreciar correctamente el arte y la cultura locales. Esto no significa dejar de lado las manifestaciones autóctonas, pero así como existen institutos descentralizados, departamentos en dependencias culturales y muchas agrupaciones y organizaciones que se preocupan por este asunto, también debe de haber quienes se preocupen por talentos universales en lo local, que puedan ser vistos, apreciados, comercializados y valorados más allá de la ciudad, el estado o país.





Fotogramas:
It Follows (2014), David Robert Mitchell
The Blair Witch Project (1999), Daniel Myrick + Eduardo Sánchez
The Cabinet of Dr. Caligari (1920), Robert Wiene
The Shining (1980), Stanley Kubrick
Imágenes Mórbido: Cortesía Sergio Aguilar