Derrota de mar I Marco Antonio Murillo



Con el pretexto de su libro más reciente,

Derrota de mar, el escritor Marco Antonio Murillo

reflexiona sobre su itinerario poético.

RETRO

Hago una retrospectiva y puedo decir que he sido afortunado en mi formación literaria: estudié tres años en el programa de Creative Writing de la Universidad de El Paso, luego estuve dos años como becario en la Fundación para las Letras Mexicanas. Cinco años en los que viví fuera de Yucatán y entré en contacto con distintas formas de pensar la poesía. Antes cuando leía algún libro que no era de mi gusto, solía hacerlo a un lado, ahora no: lo cuestiono, algo podré aprenderle. Ello naturalmente se ha reflejado en mi poesía: antes pensaba el poema como una maquinaria que solo podría representar al mundo de una forma "bella" por así decirlo; ahora me interesa el poema como soporte de distintos géneros, lo narrativo, lo ensayístico, lo visual, y no por ello pierde su calidad estética. En 2009 trabajé un libro llamado Muerte de Catulo, el cual recuperaba algunos temas de la tradición grecorromana; ahora, 10 años después, un nuevo libro me devuelve allí, pero desde otra perspectiva: el collage, las citas, el poema visual; lo grecorromano está presente en el herbario de Emily Dickinson y en los asfódelos de William Carlos Williams, las plantas son parte de la vida y la muerte de las personas. Este proyecto del que te hablo me entusiasma, es una mezcla de poemas narrativos y ensayo. A la par, también me encuentro trabajando un libro de ensayos sobre Batman, donde busco recrear las atmósferas vistas en el cómic, mientras se reflexiona sobre el universo de este súper héroe.

MAR

Derrota de mar no es un poemario tan nuevo como todos piensan. Es, de hecho, la segunda vez que se publica, antes se llamaba Mascarón de proa y venía incluido en el libro La luz que no se cumple acompañando a Muerte de Catulo. De todos modos yo lo veo como un libro muy diferente a ese momento, en el que se podía leer como la historia de un mascarón de proa desde que se concibe hasta que yace hundido al fondo del mar. Ahora, gracias a que incluye nuevos poemas y he corregido otros, es muchas cosas, de acuerdo a las partes que lo conforman: primero, una reflexión sobre la poesía; segundo, la historia de un mascarón de proa; luego, una recreación de la vida marina; después, varios homenajes a ciertos autores que escribieron sobre el mar: Zaid, Perse, Mutis; y, por último, mi experiencia muy personal con el mar. Me gusta pensar Derrota de mar como un mosaico de muchas cosas finamente entrelazadas por un mismo paisaje, tal como ocurre en el Caribe yucateco: los niños en la arena, los papalotes y pájaros en el cielo, la música que viene de los restaurantes, los vendedores de dulces, los bañistas, los flotadores con forma de monstruos marinos, las ruinas de casas, las motolanchas, todo ello enmarcado por un mismo cuadro, el mar.

MAGO

Hay varias formas de montar un libro de poesía, pero todas ellas llevan a lo mismo: que la lógica planteada de principio a fin tenga una razón y esta no se traicione (a no ser que el pretexto de hacerlo sea muy bueno). De todos modos, cada libro de poesía bien hecho tiende a desplegar su propio mundo y a pedir ser valorado de acuerdo a lo que propone. Pienso en algunos ejemplos: Alquimia de tendajón de Charles Simic: es un libro que tiene la forma de su propio tema: las cajas de Joseph Cornell. Lo leo e inmediatamente me recuerda una caja llena de cosas muy distintas, vinculadas por una sola dialéctica. A su vez cada poema, o cita los diarios de Joseph Cornell (un diario es una caja escritural, personalísima) o habla de cosas contenedoras (un tragamonedas, una foto) o es una caja en sí misma (de ideas, de reflexiones). También está Contranatura de Rodolfo Hinostroza. El poemario se llama así, a mi juicio, por la forma que tienen los poemas (muchos de ellos en fragmentos) y por lo difícil que resulta leerlos: si a menudo el tema que desentrañan es filosófico, hay que agregar la cripticidad desde la cual son evocados. Otro ejemplo, ahora más cercano a nosotros, es Moneda de tres caras de Francisco Hernández. Este es un libro cuya unidad la da ingeniosamente el título: Moneda de tres caras: un libro que recoge las biografías de tres artistas clásicos: el músico Robert Schulman y los poetas Hölderlin y George Trakl. Y así hay muchos otros ejemplos. Valorar el libro de poesía en su conjunto, entonces, se parece a descubrir por nosotros mismos el truco del mago, es decir, cómo lo hace y para qué lo hace y más: qué habría pasado si…

AUTORES

Al paso de los años me he descubierto espiando los poemas de dos personas: Wislawa Szymborska y Antonio Cisneros. Siempre he pensado que un escritor no se define como tal por el grado de sensibilidad que pueda tener frente a la realidad, sino a una inteligencia asociativa, esto es, la capacidad de mirar el delgado vínculo que tienen dos o más cosas entre sí, o bien, la ingeniosidad de inventarles dicho vínculo. Para mí tanto Szymborska como Cisneros son epítomes de esto que vengo diciendo. Cómo olvidar La mujer de Lot, de la polaca, o En defensa de César Vallejo y los poetas jóvenes, del peruano.


CASI UNA ISLA

Los criterios de la antología fueron muy simples: que los autores demostraran su relevancia en el acontecer literario local (ya con publicaciones, premios, becas) y que hayan nacido en Yucatán, o su periodo de formación haya sido en el Estado. Hay otro criterio que no está nombrado, pero el paso del tiempo nos lo ha hecho ver: que los autores elegidos salieran en algún momento de la entidad. Hago retrospectiva: Agustín Abreu lleva más de siete años en los Estados Unidos, Manuel Iris más de diez, Jorge Manzanilla regresa a ese país para estudiar su doctorado. Nadia Escalante, Ileana y tú mismo vivieron en la Ciudad de México una larga temporada. Wildernaín Villegas nació en Yucatán, pero se fue a vivir a Quintana Roo y muy frecuentemente es invitado a participar en actividades artísticas fuera de allí. Karla Marrufo vivió mucho tiempo en Veracruz. Salir es muy importante para el artista, le da mundo de qué hablar y humildad para saber que no solo existe su trabajo y sus lecturas, o la de los amigos cercanos. Luego, puedo decirte que la antología quedó tal y como la planeamos Jorge y yo, un compilado de los autores yucatecos que más nos interesaban en esos días, no un estudio crítico de la poesía yucateca de los ochenta, tampoco un directorio democrático de todos los autores yucatecos que tuvieran desde un poema hasta un libro. Hay que mirar a las antologías como lo que son: un documento compilatorio donde el gusto y los criterios estéticos de uno o varios autores pesa. Sabiendo esto, no nos asustemos si tal persona no seleccionó nuestro trabajo o en tal antología no aparece la obra de cierto autor que nos fascina. No por ello va a estar mal, simplemente es un documento diferente al que uno haría.

CRÍTICA

En la reseña de Daniel Medina a Casi una isla hay un cierto descuido al acercarse y entender la escritura de dos autores que lo repelen como lector. Se critican los poemas October Fields y Preacher, se dice que carecen de contundencia. Ahora pienso: ¿por qué un poema breve debería tener contundencia? Hay muchas formas del poema breve y maneras de llevarlos a cabo. Allí están Antonio Gamoneda y Alejandra Pizarnik, que aspiran a una poética de la brevedad que podría relacionarse con lo que busca Daniel; pero también está Hugo Mujica, su poética no es de la contundencia, sino de la reflexión a través de la atmósfera mística que despliega. Él tomó votos de silencio por muchos años, su poesía sigue haciendo esos votos, entonces lo contundente sería romper con ellos. Y hay más casos: El libro de los fracta, de Horacio Costa, es un título rarísimo y difícil de leer. Su brevedad es dura como piedra, pareciera que quiso reproducir Canto a un dios mineral en el menor espacio posible. También se habla de Karla Marrufo y sus poemas Leyes de gravedad y Lección I, se dice que son lineales, monótonos y armados a partir del lugar común. Más que lineales o monótonos, estos poemas son unitemáticos, pertenecen a una colección mayor, que en su conjunto va a seguir dando vueltas alrededor del mismo asunto, el vuelo, el aire, los pájaros. Yo no lo veo como algo peyorativo, es otra forma de hacer poesía. Antes te mencionaba Alquimia de tendajón, Contranatura y Moneda de tres caras, comentaba cómo es que creo que funcionan estos libros. Ahora bien, hay otros que tienen que ver con lo serial, su motivo es claro, su fuerza radica en cómo agotan el tema y cómo logran crear una maquinaria asociativa alrededor del mismo. Pienso en El campo, de Martín Glaz Serup, fácilmente podría tener cada uno de los epítetos que comenta Daniel: lineal (todos los poemas son en prosa y tienen el mismo tono), monótono (no hay un solo poema que no hable del concepto campo) y lugarcomunero (el campo, junto con las flores, el amor, el padre, los pájaros y la muerte deben ser los temas artísticos más recurrentes). Con respecto a que si en los poemas de Karla Marrufo hay lugar común, sí lo hay, pero un lugar común no es malo, siempre y cuando sufra un giro de tuerca o se le asocie con algo nuevo, por nimio que esto sea; este asunto, a mi juicio, logra salvarlo la autora.

DESAPARECER

Una vez que una persona decide publicar, difícilmente va a poder desaparecer del panorama. Aunque ya no esté en escena, sus textos, sus libros van a seguir por allí aguardando al lector. Tú has publicado varios libros de poesía y saliste en Casi una isla, era de esperarse que en algún momento alguien se topara con tu escritura y hablara, en este caso, en contra. Pero también existen aquellas críticas en donde se llega a ofender al autor. Sobra decir que no debemos tolerarlas, pues no son producto de una lectura seria, sino de alguien poco profesional. ¿Para qué perder el tiempo haciéndoles caso?

Respecto a las críticas emitidas por Daniel, deben ser bienvenidas. Más vale que te critique negativamente a que no lo haga, quiere decir que te ha prestado atención y se ha tomado la molestia de leerte a su manera. Eso, para mí, es bueno. Una crítica negativa vale más que una positiva. Aunque no le hagamos mucho caso, hace que crezcamos como autores o como personas.

BREVEDAD

Pocos saben, pero, junto con Jorge Manzanilla, también planeamos extender el proyecto de Casi una isla hacia otros estados del sur de México, en un segundo volumen que se publicaría después. Yo me fui a El Paso y, por azares del destino, en 2015 perdí contacto con Jorge durante varios años. Mientras estaba en la FLM decidí continuar el proyecto y fue así que salió Fragilidad de las aguas. Antología poética del sureste mexicano 1980-1989, la cual publicó José Ángel Leyva en La otra. Se puede revisar en este link. En ella selecciono a dos poetas que han hecho de la brevedad su paraíso: hablo de Alfonso Graniel, de Tabasco, y Matza Maranto, de Chiapas. Cada uno resuelve el poema breve a su manera de entender el mundo.


SABOTAJE

El ambiente literario yucateco es tan pequeño que cuando publican a alguien se arma un alboroto, y comienza la cacería de brujas. A eso se le llama sabotear el libro sin haberlo leído, y está mal. Si vemos que alguien ha publicado, acerquémonos a su texto y hablemos desde lo que nos propone. De lo contrario estaremos despreciando un libro que fue a) escrito por una persona con cierta formación literaria; b) un consejo editorial que lo aprobó; c) diseñadores, correctores, y d) a nosotros mismos, porque nos perdemos la oportunidad de leer algo diferente. Por allí corría el rumor de que Casi una isla había sido publicado gracias a que Jorge Cortés era cercano a la Red Literaria del Sureste. En esa antología hay pocos miembros de la misma, y los que están pertenecían solo de nombre, hace años habían dejado de participar. Yo estoy con la RLS (más ahora que antes), pero en 2013 cuando se estaban iniciando las gestiones para publicar Casi una isla, ya me había ido a El Paso y desentendido de Yucatán, por lo que Jorge Manzanilla, que nunca ha estado en ningún grupo, tuvo que hacer todas las gestiones necesarias, vaya, él era quien daba la cara ante la Dirección de Literatura. El libro fue rebotado en dos ocasiones por el consejo editorial de la SEDECULTA y vuelto a entregar con correcciones. Por eso tardó dos años en salir.


PLEITOS

El otro día me encontraba platicando con Jorge Mendoza, quien fuera director de la Enciclopedia de la Literatura en México. Me preguntó por Yucatán, que si consideraba que había crecido y cómo veía a los colegas. Le dije que las letras yucatecas habían crecido gracias al aparato crítico y lector aportado por las licenciaturas en literatura (UADY, Modelo y República de México), y la formación otorgada por las escuelas de escritores; pero me preocupaban los pleitos entre distintas personas y grupos. Me quedo con lo que me dijo entonces, que esos conflictos son, en realidad, muestra de salud literaria. Tiene razón: el hecho es indicador de que ya hay varias formas de entender la literatura en el Estado, y naturalmente van a chocar entre sí. Ahora bien, si los grupos son lo suficientemente maduros para escuchar y aprender, irán mejorando con el paso del tiempo. Al final no se trata de ver cuál grupo es el mejor y por qué, sino de estar en constante debate, aunque nunca se llegue a un acuerdo en común.

DISTRIBUCIÓN

El gran problema que sufren las letras yucatecas siempre ha sido y será la promoción de los libros fuera del Estado. La antología Casi una isla generó conflicto solo en su propia casa, no con sus vecinos. SEDECULTA nunca la sacó fuera del Estado. La única vez que este pez salió de su pecera fue cuando la presenté en La casa del poeta Ramón López Velarde. Es triste, porque la antología se parece a su título: si no fuera por esa salida y el hecho de que sus integrantes han presumido uno que otro ejemplar fuera de Yucatán, sería una isla, toda incomunicada de sus lectores. Este es el destino del noventa por ciento de los libros publicados en Yucatán, no existir para el país. Ahora bien, lo que rescato de Yucatán es que el campo literario está comenzando a cultivarse, aún hay cosas que no se han explorado del todo. Si aprovechamos este momento, podríamos crecer a la par.

PELIGRO

Siempre lo he dicho, Yucatán es peligroso para la gente que está iniciando en la literatura, y tiene algo de talento. Como estamos en un sitio cuyo gremio literario es pequeño, a esta gente se le suele aplaudir de más y celebrar situaciones que en otra parte de México son comunes. Lo triste del caso es que se les celebra por celebrar, ni siquiera se lee su obra. Entonces, lo que ocurre es que se les impide el crecimiento profesional, pierden el piso y la capacidad de autocrítica, y luego ya no corrigen sus trabajos. Esto es algo que veo que ocurre con frecuencia en la generación de los noventa, sobre todo en los hombres. Es necesario dejar de hacerlo ya, si queremos que el barco literario yucateco siga a flote y llegue a alguna parte.

FRUTOS

Aportaciones de Yucatán tal cual un día lo hicieron estados como Chiapas y Tabasco, no hay. Lo que sí hay son escritores cuyos nombres suenan en el contexto mexicano actual: han obtenido premios, tienen libros buenos, disfrutaron de becas importantes, ya tienen su camino trazado y saben cómo seguirlo. Leer, escribir y cosechar frutos es lo que les toca.

RECOMENDACIONES

Poesía: Cielo nocturno con heridas de fuego, de Ocean Vuong. Este libro recibió el premio Bellas Artes de traducción, a cargo de Elisa Díaz Castello.

Narrativa: No se trata del hambre, de Josué Sánchez. Con este libro Josué ganó el premio Tiflos de narrativa. El primer cuento es bellísimo, uno de mis favoritos, se trata de un hombre que predice su futuro comiendo hamburguesas.

Ensayo: El punto ciego, de Javier Cercas. Este novelista español propone una nueva forma de acercarse a las novelas, y es a través del punto ciego, es decir, ese espacio que el autor deja hueco, con el fin de que el lector lo llene con sus reflexiones.

Novela gráfica: From Hell, de Alan Moore. Sería poco decir que se basa en los asesinatos perpetrados por Jack el destripador, porque el autor mete el asunto de la cuarta dimensión y todo se vuelve una locura.

Videojuego: Red Dead Redemption 2. Olvídense de todo lo anterior y ocupen su tiempo en montar caballos en el Viejo Oeste.

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Maestro en Escritura Creativa por la Universidad de Texas en El Paso, y licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán, Marco Antonio Murillo ha publicado también los poemarios Muerte de Catulo (Rojo Siena, 2013) y La luz que no se cumple (Artepoética Press, 2014). Es coautor, junto con Jorge Manzanilla, de la antología Casi una isla: 9 poetas yucatecos nacidos en la década de 1980 (SEDECULTA-CONACULTA, 2015).


Edición de textos: Christian Núñez. Imágenes: Marco AM


Derrota de mar / lee un adelanto en ConejoBelga.